Cuando yo iba en la secundaria,
pase de ser una niña delgadísima, cual palo y cuerpo de infante, a una pelota
de playa con muchos kilos de más, llena de Acné y Curvas poco atractivas por
todos lados. Además de usar anteojos de
fondo de Botella y tener la nariz del “No hay” tras una serie de pelotazos,
codazos y patadas que recibí en las malísimas clases de Educación Física que
nos daban.
Por lo que cierto día que salí de
mi casa rumbo al colegio, mi corazón se partió en dos y mi estómago dio un
vuelco violento al encontrar pintado en la banqueta fuera de mi casa: “Raquel
es Puta” ¡¡¡¿QUÉ, CÓMO? ¿POR QUÉ?!!! Vaya, no tenía ni amigo que me acompañara
a la escuela, siempre caminaba de mi casa a mi colegio solita e igual de regreso. No era para nada afectuosa, cariñosa o
coqueta. No iba a fiestas, era “Nerd” y era la que todos los chicos buscaban
para que les presentara a las amigas o le hiciera de Celestina. ¿En qué Mundo podría pensarse que yo podía
ser PUTA?
Esa frase laceró mi corazón
durante meses y, tal vez deba decir años, porque siempre que la recordaba
sentía ese vuelco en el estómago y el dolor de no saber a qué se debía tanta
agresión.
A los 17 años, ya había bajado
algunos de esos tantos kilos, (como 10), había sufrido una rinoplastia de
urgencia para no morir asfixiada por las noches cuando dormía y era casi
imposible respirar por el daño en la nariz y seguía siendo nerd, usando lentes
de fondo de botella, cero cariñosa, afectuosa o coqueta. Y si un chico me gustaba, pues ni siquiera le
hablaba. Por supuesto, era tímida,
insegura y estaba segura de ser la mujer más fea del planeta; porque no había
chico que se fijara en mí.
Entonces, llego mi primer
novio. Y pues a los 17 somos todos un
cúmulo de pulsiones libidinosas y hormonas; por tanto, era el continuo estira y
afloje con él para que en los momentos de besarnos o estar juntos, no se
desbocaran los caballos y la pasión no nos arrasara.
Y así fue transcurriendo el
tiempo hasta que llegamos a 2ª. Base, (Y no pasamos de ahí) pero cierto día que
me vino a dejar a mi casa y me besó y a
pesar de mis protestas, regresó a 2ª. Base en el portón; el alma caritativa de
uno de mis vecinos o vecinas, no tardó en hacerse manifiesta. Al otro día la peor sorpresa me la llevé yo
al llegar a mi casa y descubrir a mi madre hecha una furia con un papel en la
mano que largó hacia mí apenas crucé el umbral, que así rezaba: “Señora, su
hija es una Puta y se deja manosear”
Los ojos se salían de mis órbitas
y mi madre me espetaba con furia para que le contestara; lo negué y en ese
momento, me dijo “Te pregunté porque quería saber si podía confiar en ti y si
me decías la verdad. Pero ya sé que eres una mentirosa, porque al recibir esto,
fui a buscar tu diario y lo pude constatar ya que fuiste tan ESTÚPIDA de
escribirlo. Así que ahorita vas y me
arrancas esa hoja y por supuesto, dejas de ver a Paco en este momento”
¡Qué Vergüenza sentí! Además de
rabia, decepción, frustración, tristeza… ¿Cómo era posible que mi madre se
hubiera atrevido a leer mi diario? (ella me dijo que jamás lo había hecho, que
era la primera vez pero que había tenido que hacerlo) ¿Por qué me llamaban
Puta? Obviamente no lo era y lo que mi novio y yo hacíamos era absolutamente
normal, (Claro, eso lo sé ahora que soy adulta, en aquel momento de verdad
estaba convencida de que era yo de lo peor y que todo lo que sentía estaba mal
y era vergonzoso). Huelga decir que ante tal traición de mi madre, dejé de
escribir mucho tiempo el famoso diario y se me murió la vena creativa. Me sentí
culpable de mis impulsos libidinosos durante años y el vivir de mi sexualidad
quedó marcado para siempre.
No tuve muchos novios, sólo
cuatro y el quinto se convirtió en mi esposo.
Pero mis relaciones eran tormentosas y complicadas, porque nunca me
relajaba. Siempre estaba frenando en mi
cabeza la sexualidad que emanaba de mí y que, para colmo de mis males, al
parecer exudo de manera innata y por supuesto, mi vida sexual adulta, fue un
desastre durante años. Mi madre siempre
detrás de mí controlándome, regañándome, diciéndome que las mujeres que no
tienen sexo con los hombres hasta casarse son las mejores y que los hombres son
unos perros y que sólo quieren cama.
Y bueno, si he de decir algo, los
tiempos de ahora en los cuales las mujeres asumen y viven su sexualidad más
abiertamente me parecen maravillosos. Lo
que me sigue pareciendo terrible, es que el concepto de “buena mujer” siga
pesando en el ambiente al grado tal de que los hombres siguen buscando para
formar un hogar, aquella mujer que sea casi Santa, porque con las que
estuvieron antes, son unas Putas.
¿Y quiénes son las Santas? Porque
yo me portaba súper bien y al final de cuentas me tildaron de puta en la
secundaria. Y fui chica de Iglesia y
Pastoral Juvenil años, (por supuesto después de mi primer novio). Tengo dos hijos;
soy trabajadora, estudio, hablo 2 idiomas; traduzco 3; estoy estudiando mi 2ª.
Carrera; canto; bailo; leo; escribo; tengo cultura general; soy terapeuta
holística y tengo un desarrollo espiritual que considero avanzado. Ah y por si
lo dudan: Soy Célibe. Osea, que en pocas palabras debería ser Santa ¿no?
Sin embargo, ¿Qué creen? Me río
alto, me gusta usar shorts y playeras en la primavera y el verano; hago
ejercicio así que tengo cuerpazo; uso pronunciados escotes en algunas
ocasiones; platico con todo el mundo; admiro la belleza en todas sus formas;
Camino por la calle como súper modelo; tengo personalidad; conozco mucha gente
y tengo un chorro de amigos. En pocas
palabras: para los cánones de la sociedad, sigo siendo una Puta. Y ¿cómo lo sé?
Sólo basta escuchar las pláticas
entre mujeres: “Esa es una Zorra” (y su único pecado es ser hermosa o por lo
menos, atraer al sexo opuesto) “Es que se acuesta con todos, la muy Puta” (pero
si le preguntas a la que profirió tal epíteto quiénes son todos y cúanto les
cobra, se te quedan mirando con cara de ¿Es en serio?)
El otro día mi mamá me platicaba
que allá por los años setentas una tía mía muy agraciada en el área del busto,
se puso una blusa escotada de cuello halter y un tipo la manoseó. Cuando ella
le reclamó, el tipo le dijo “Pues es que andas ofreciendo” Por supuesto yo dije: “Estúpido” y mi mamá
“Pues es que sí; a eso se arriesgan las que se visten así” Y yo así o más
indignada. “¡Claro que no mamá! Uno se viste como se quiere vestir y eso no
significa ofrecer nada” y mi mamá “¡Claro que sí! Porque los hombres así son y
vestirse así es darles pié”
Y yo no puedo creer que en pleno
siglo XXI siga tan arraigado este pensamiento tan machista, retrógrado y
abusivo. ¡Y lo peor! ¡Las Mujeres son las que lo siguen promoviendo! (Soy Mujer
pero bórrenme de la lista porque yo lucho contra este tipo de pensar).
Conozco mujeres que siguen
pensando que sus hijas deben ser recatadas, modestas, calladas y por lo que
entiendo, vírgenes eternas o por lo menos frígidas. Mujeres que no quieren que sus hijas crezcan.
Que educan en la idea de que ejercer la sexualidad está mal y que perder la
virginidad es terrible. Y yo sigo sin entender por qué tanto valor a un himen y
a la frigidez habiendo tantas otras cosas maravillosas que hacemos las mujeres.
¿Por qué seguimos agrediéndonos
entre nosotras mismas atribuyéndonos epítetos tan negativos simplemente por ser
más o menos sexuales? Las que acusan de “Putas y Zorras” a las otras, es porque
están envidiosas y se creen superiores por no ejercer la sexualidad, (o por no
ser tan bonitas ¡o quién sabe! porque yo en la Secundaria era bien feíta la
verdad). Pero en realidad eso no las hace superiores; a lo mejor las hace más
neuróticas, gordas, de mal carácter y enfermas (porque no ejercer la sexualidad
también afecta al organismo); pero yo no conozco una sola mujer que sea
superior a otra por ser virgen.
Conozco mujeres súper talentosas,
inteligentes, pro activas, artistas, escritoras, DJ´s, fotógrafas, formadoras; cantantes;
productoras; creativas y productivas. Sólo
dos de ellas son Vírgenes y muchas de ellas no son casadas. Y también conozco varias vírgenes que son de
lo más amargadas e improductivas que conozco.
Así que pienso que realmente
nuestro valor está en otro lado: En nuestro maravilloso cerebro que utiliza sus
dos hemisferios mientras realizamos nuestras actividades y que nos permite
tener la capacidad de hacer veinte cosas a la vez; de amar y enamorarnos al
mismo tiempo; de entregar todo nuestro corazón a nuestros proyectos y vivir la
vida; de tener hijos y ser formadoras del futuro; de ser Amas de nuestra casa y
ser empresarias; de aprender día a día y de enseñar a los demás; de tener la
visión de ver más allá del hoy pero vivir con los pies bien plantados en el
piso y en el instante que se vive.
Nuestro valor debe estar en el
apoyo a nosotras mismas y a otras mujeres que vienen detrás; en nuestra
capacidad de actuar con mente analítica, pero poniendo el corazón por delante
para no perder la perspectiva de que todas somos seres humanos. Basta de
calificarnos con envidia y odio.
Yo no sé ustedes, pero yo no soy Puta y nunca
lo he sido… tampoco soy Santa… Soy Mujer y como tal, me solidarizo con todas
las que sufren, las que lloran, las que lo pasan difícil. Y también admiro a las que triunfan y a las
que trabajan todos los días, las aplaudo y las promuevo. Y sinceramente, no me
importa si son vírgenes o no; si tienen pareja o no; si tienen sexo regular o
no. Sólo me interesa que son personas. Nada más.
Esto es lo que creo y
pienso. Me gustaría que más pensáramos
igual.
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